Saredi: “Dos lecciones de la pandemia el poder municipal y el fracaso de las urbanizaciones”

Política 16 de junio de 2020 Por Diario Lider
SAREDI

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El dirigente político trenquelauquense, radicado en La Matanza escribió para el diario La Nación yy su nota se publicó ayer. El ex candidato a vicegobernador, y diputado nacional, dijo que de esta pandemia “podemos ir extrayendo algunas conclusiones. Una de ellas es la necesidad de fortalecer jurídicamente el poder de los municipios”.

Esta es su nota en La Nación:

De esta pandemia podemos ir extrayendo algunas conclusiones. Una de ellas es la necesidad de fortalecer jurídicamente el poder de los municipios.

En este sentido, el ejemplo más importante es el de la provincia de Buenos Aires, en donde municipios como Castelli hacen planteos que van incluso hasta la Corte Suprema de Justicia provincial para exigir su autonomía; o el de Rivadavia o América, que piden piden sancionar su propia Ley Orgánica Municipal, a través del Concejo Deliberante local.

En el caso del conurbano, en mi caso, y en ocasión de la rendición de cuentas, hablé con el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, para exponer la cantidad de dinero y de recursos que debemos utilizar del erario municipal en áreas de Salud, Seguridad y Educación que le competen a la provincia de Buenos Aires. Debemos acompañar desde el municipio más poderoso y poblado de Buenos Aires este pedido de autonomía porque además somos los más perjudicados.

En esta emergencia quedó palmariamente demostrado que se necesita de las fuerzas municipales para temas como el control de precios y para cuestiones logísticas de todo tipo y color, en materia sanitaria, de alimentación y de seguridad, entre otras.

Otra de las conclusiones que nos deja esta pandemia es la necesidad de modificar algo que vengo repitiendo hace años. Desde la época de Pampa Sur, hablaba de la difusión y la restauración de la propiedad; de la necesidad que tuvimos -y tenemos- de una distribución distinta de nuestra extensa cantidad de tierra.

Nunca tocando a legítimos dueños, por supuesto.

Ya no podremos revertir hechos revolucionarios -como la Ley del Hogar estadounidense- ; pero sí en cuanto a tierras fiscales y espacios vacíos e irregulares, para poder descentralizar, planificar, adjudicar y lograr millones de nuevos propietarios en la Argentina, con distintos planes estratégicos y poblacionales.

Hubo muchos proyectos, como el de “cada familia con su lote “, de Eduardo Duhalde, o el Plan Familia Propietaria. Algunos, muy interesantes, impulsaban la vuelta y el fortalecimiento de pueblos y estaciones del interior.

Incluso en la gobernación de María Eugenia Vidal hubo un funcionario en Vivienda que tenía una visión nueva y moderna -Evert Van Tooren – para comprar viviendas en desuso, ahorrando dinero y dando dignidad a las familias ubicadas en distintos lugares de nuestra provincia.

Pero nada, nunca, se pudo continuar.

En cambio, ha sido constante y permanente el error -por años- del sistema de “tirar plata en un pozo” y hacer que cientos de miles de porteños y de bonaerenses formen parte del llamado desarrollo de “urbanización de villas”.

No solo en gobiernos más populares, o con líneas ideológicas más progresistas, sino que la misma línea siguieron Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, entre otros, que avanzaron en urbanizar lugares y gastar millones y millones de pesos en sitios no aptos para una calidad de vida distinta para la vivienda humana. En lugar de descentralizar, buscar hacer nuevas ciudades y localidades, urbanizaciones para constituir lugares aptos para el desarrollo de la familia, se gastaron enormidad de recursos en espacios que, como la misma pandemia demuestra, son los peores para el contagio y la vida de sus vecinos.

Claro fracaso del progresismo criollo, que no define políticas de Estado; más allá del valorable y destacado trabajo de curitas, dirigentes barriales y tantos otros argentinos de increíble acción, que a su vez tienen distinta función: un pastor, un cura villero, un militante social deben ver lo urgente, lo asistencial, lo caritativo, y esto se debe entender por vocación y función. Pero un dirigente político, y de Estado, debe en cambio diseñar políticas urbanísticas de distribución poblacional pensando en futuras generaciones, como dirigentes de un país con un futuro mejor.

En cambio nos hemos resignado a dejarnos llevar por opiniones facilistas y por cortas encuestas de satisfacción.

Quizás esta emergencia nos dé la posibilidad de cambiar”.

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