Comisión por los DDHH: "Dos décadas que no pasaron en vano"

Locales 06 de agosto de 2020 Por Diario Lider
Tres jóvenes, que por entonces eran más conocidos que amigos, empezaron a rumiar la posibilidad de formar un nuevo Organismo de DDHH. Ninguno de los tres era familiar de desaparecidx, pero los unía la convicción de que debía ser la Memoria la que primara sobre la amnesia que pontifica una inverosímil ausencia de conflictos (pasados y presentes).
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A fines de la década de 1990 se podía escuchar el reclamo público de Elena, que en entrevistas periodísticas decía temer que el olvido le ganara a la memoria. La Comisión de DDHH que ella motorizaba junto a otrxs familiares de detenidxs desaparecidxs se había disuelto un lustro atrás.

Tres jóvenes, que por entonces eran más conocidos que amigos, empezaron a rumiar la posibilidad de formar un nuevo Organismo de DDHH. Ninguno de los tres era familiar de desaparecidx, pero los unía la convicción de que debía ser la Memoria la que primara sobre la amnesia que pontifica una inverosímil ausencia de conflictos (pasados y presentes).

Surgió la decisión de convocar a una primera reunión, para saber si ese sueño compartido se transformaría en realidad, o resultaría una iniciativa más entre las innumerables que quedan en el camino. Lugar: Plaza Francia (nuestra Plaza de la Memoria). Horario: de tarde, temprano, para compartir unos mates amargos. Día: domingo 6 de agosto del año 2000.

Entre lxs familiares de detenidxs desaparecidxs que respondieron a la invitación destacaban dos Madres: Elena, por supuesto, la mamá de Rodolfo Emilio Pettiná, y Doña Lidia, la mamá de Ricardo Alberto Frank (la única madre de un trenquelauquense desaparecido que estuvo presente en el instante que secuestraban a su hijo, el 10 de noviembre de 1978, en la Capital Federal).

Han pasado 20 años de esa primera “juntada” en la Plaza de la Memoria. Algunos suponen que Elena ya no está, pero siempre reaparece sobrevolando los “¡PresentesAhoraySiempre!”. Doña Lidia sigue acompañando con su discreta lucidez. Hay nombres (Olga, Héctor, Ricardo, Rodolfo, Titín, Riki, Yoyi, Poroto, Oscar, José, Alicia, Susana, Nora) en calles, placas de Hospital, laboratorios de Escuela. Hay un número irrenunciable, “los 30.000” que marcha a cada rato de Plaza a Plaza, pasando por bulevares y barriadas. Hay esculturas antiguas y más nuevas. Hay pañuelos blancos muchas veces repintados en Plaza San Martín y Plaza Francia. Hay una Juana Azurduy en la plazoleta que antes era del general fusilador de dirigentes valientes. Hay cientos de libros en una biblioteca que lleva el nombre de Osvaldo Hijo del Pueblo. Con un megáfono tan poco potente como perseverante se han voceado nombres de asesinados en diciembre de 2001, y Julio López, y Luciano Arruga, y Santiago Maldonado, y Rafael Nahuel, y cuando se pueda volver a las calles Facundo Astudillo Castro, entre tantas otras víctimas de la violencia estatal.

Aquellos tres jóvenes que alumbraron la iniciativa, siendo más conocidos que amigos, ahora son amigos con muchas luchas compartidas (y bastante menos jóvenes, por cierto). En el camino se bajaron tantxs vecinxs como lxs que se sumaron, pero los 20 años de trayectoria recién cumplidos encuentran en actividad a Mariana, Jani, Lidia (hermana de Riki Frank, integrante de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, y actual vicepresidenta de nuestro Organismo de DDHH), Diego, Nicolás, Alejandro, Miguel y Pablo (y “Nano”, a la distancia). También, de otra manera (menos directa pero aún cercana) encuentran a Mery - y con ella Ricardo -, a Silvia y Nancy - y con ellas Yoyi -, a Gustavo, Julio, Gaby y Morena - y con elles Rodolfo - , a Jorge y Cristina - y con elles Héctor - , a Ricardo, Adrián, Mariela, Cristina y Mimi - y con elles Olga -, a Graciela - y con ella “Poroto”, Oscar y José - , a Emilia - y con ella Alicia, Susana y Nora - , a Virginia - y con ella Titín -. Además, estas dos décadas de actividades en defensa de los derechos humanos han visto la participación activa y recurrente de tantxs vecinxs que la lista de nombres a enumerar sería muy extensa, pero a cada une se le agradece con un abrazo fraterno y solidario (por suerte, muchxs de ellxs hacen que el promedio de edad tienda nítidamente a la baja).

Entre aquel domingo 6 de agosto del 2000 y este jueves 6 de agosto de 2020 han pasado exactos 20 años. En Trenque Lauquen, en el marco de la eterna competencia entre el recuerdo de los que quisieron construir una sociedad más justa y el olvido que sus asesinos pretendieron instaurar para consolidar las desigualdades, estos veinte años no han pasado en vano, y la Memoria trabajada con esfuerzo ha logrado, de algún modo, contener el pedido angustiado que Elena Taybo formulara hace tanto, antes del nuevo milenio: “¡Que no nos deje de acompañar la comunidad de Trenque Lauquen en la lucha por Verdad y Justicia!”. Lo hemos intentado, Elena, y lo seguiremos intentando…

COMISIÓN por los DERECHOS HUMANOS, Trenque Lauquen, 6 de agosto de 2020.

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